Resolviendo conflictos en familia

El tesoro más grande que las personas pueden tener es formar parte de una familia. La familia no es un invento de la sociedad, sino que es una idea del Señor que nació en la eternidad en el corazón de Dios

El tesoro más grande que las personas pueden tener es formar parte de una familia. La familia no es un invento de la sociedad, sino que es una idea del Señor que nació en la eternidad en el corazón de Dios; si es verdad que el Señor desea que la familia sea como un refugio, un lugar seguro que permanece fuerte ante las presiones de la vida y en la cual planeamos y desarrollamos todos los planes que tenemos por delante. Sin embargo, todo lo mencionado son los beneficios y satisfacciones que alcanzamos cuando nos desenvolvemos dentro de una familia que conoce, cree y confía en Dios; pero hay que tener en cuenta que el propósito por lo cual las familias existen es para dar a conocer a Dios y evidenciar su carácter (creados a imagen y semejanza).
Resolviendo conflictos en familia es parte de la Serie «La familia del futuro»

Pastor Pepe Delgado


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Todos sabemos y lo hemos leído en la Biblia que todas las familias tuvieron conflictos, desde Adán con Caín y Abel, la familia de Jacob, del rey de David, pero mencionar a algunas, pero todas las familias tuvieron grandes conflictos. Y es evidente que estos conflictos sucederán, por eso debemos entender que esta palabra significa choque, disputa, combate, turbar, inquietar. Cuando uno ve que hay señales, de maltrato, de ataques en las palabras, son señales que, en ese matrimonio, familia, hay conflicto.

Ahora, en 1 Pedro 4:12 versión TLA dice “Queridos hermanos en Cristo, no se sorprendan si tienen que afrontar problemas (aún familiares) que pongan a prueba su confianza en Dios. Eso no es nada extraño”. Es que cada individuo es diferente, es único, tenemos personalidades y temperamentos diferentes, por eso miramos las cosas de un ángulo distinto.  Además, debemos tener bien claro que somos imperfectos, y por ello cuando hay conflictos, no siempre será fácil solucionarlos. Alguien dijo, “todos de una u otra manera, vamos a ser ofendidos, pero está en nosotros ser o no heridos”, y si nosotros cargamos con esas heridas difícilmente nuestras vidas van a estar alineadas con el deseo de Dios de ver a nuestras familias unidas. La Biblia dice que “una casa dividida en sí misma no prevalece, pero si está unida sí prevalece”, es una familia sólida, con un fundamento sólido y que sigue avanzando hacia adelante. Lo que Dios quiere es que maduremos, y cuando una familia entiende esto, a pesar de los conflictos saben guardar su corazón y aprende madurar juntos.

Dios pone delante de cada uno de nosotros dos caminos, uno de vida y uno de muerte, de bendición y de maldición; está en nosotros hacer la elección, está en nosotros tener una buena actitud frente a conflictos que se presenten, pues siempre tendremos roces, choques siempre y quizás en nuestra imperfección estemos viendo y guardando tantos defectos de nuestro esposo, de nuestra esposa, de nuestros hijos y eso nos engancha en el pasado, no hace sufrir mucho y no nos permite extendernos hacia adelante. Eso nos crea cierta intimidación o mala expectativa, porque al vivir de experiencias pasadas no podremos tener una vida saludable porque estaremos siempre esperando la mala actitud de la otra parte.

Se dice que un esposo le regala a su esposa un carro nuevo y emocionada ella al dar vuelta en una esquina choca su carro recién estrenado. La muchacha se asusta y se preocupa por lo que puede suceder, el enojo de su esposo, su llamada de atención. El señor con quien había chocado se bajó de su carro y le dice que no se preocupe, que no llore porque el seguro pagaría todo, pero ella seguía asustada y preocupada por la reacción de su esposo. Cuando ella busca los documentos del carro para arreglar el asunto del choque encuentra allí una nota de su esposo que decía, “si en algún momento chocas, no te preocupes, porque primero eres tú y después es el carro”. Eso se llama tener buena actitud, y por otro lado eso le permitió a la esposa tener buena expectativa frente a su esposo. Recuerde primero es su cónyuge, no las cosas, las cosas se quieren, a las personas se les ama, a las cosas se las usa, a las personas no, esto divide y hemos recordado que una casa dividida no permanece. Recuerde que el conflicto en lugar de separarnos, de hacernos daño, nos puede unir y hacer más fuerte y en esa unidad maduramos y seguimos creciendo y aseguraremos un futuro de bendición para nuestras generaciones.

A través de la palabra del Señor, Dios nos enseña algunos pasos importantes en la resolución de conflictos.

Número uno, en momentos de conflictos tenemos que reconocer que existe un problema. Muchas veces cuando se le pregunta a las personas cómo está su matrimonio, siempre responden que todo está bien. Eso no es el problema, pero hay que reconocer que es normal que haya diferencias, que haya problemas, algunos roces, y eso es en toda relación que tengamos. Pero es importante reconocer los problemas que se presenten y entender que somos llamados a solucionarlos, debemos entender que el tiempo no soluciona nuestros conflictos. Al contrario, mientras más rápido lo solucionamos, evidenciamos que somos gente madura. En Efesios 4:26 en la versión TLA dice, “Si se enojan. No permitan que eso les haga pecar. El enojo no debe durar todo el día”, medite en esto.

En alguna oportunidad, ministrando en un encuentro veía que un joven lloraba, fue ministrado, liberado, pero al final del encuentro seguía llorando. Le pregunté por qué lloraba y me dijo que en el momento de la ministración el Espíritu Santo le hizo recordar el conflicto que había vivido siempre con su padre, los traumas que le había generado, el dolor que le había causado, pero también le recordaba que ya le había hablado de perdonarlo cuando recién se convirtió. Y ahora lloraba dándose cuenta de que había debido hacerlo antes, cuando su padre aún estaba vivo, pero ya había partido a la presencia del Señor. Por eso hazlo, Dios te está hablando hoy, no sigas arrastrando ese enojo, eso solo se arrastra, te detiene, te atrasa y no te deja seguir adelante.

El segundo paso que quiero enseñarles es que debemos aceptar nuestra responsabilidad. Miren lo que dice Mateo 7:3 “¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?” y en el verso 5 dice, “¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano” (versión RVR 1960) Se dice que los matrimonios y familias que son saludables y disfrutan una vida de bendición, son aquellos que viven de adentro hacia afuera, no de afuera hacia adentro, de tal manera que somos responsables de nuestros actos y cuando hay algo que arreglar por el conflicto, el roce o la ofensa que se ha generado, lo primero que hacemos antes de señalar al esposo, a la esposa, a los hijos o a los padres, es examinarnos a nosotros mismos y reconocer nuestra parte de responsabilidad en el conflicto que se ha dado en casa. Cuando señalamos solo hacia afuera somos como los fariseos, que vivían de apariencias, por eso Jesús les llamó hipócritas, porque siempre estaban viendo los defectos de los demás. No hagamos eso, la gente madura examina primero su corazón, lo que ha hecho, que responsabilidad tiene, porque cuando lo hacemos, motivas a la otra parte maduramente a hacer lo mismo. Ninguno es perfecto, pero hasta el día que venga Jesús seguiremos siendo perfeccionados, es decir en ese camino de ser perfeccionados, seremos sanados, restaurados. Que tu mayor preocupación no sea alcanzar lo material, sino no permitir que el enemigo llene tu corazón de resentimiento, odio, porque eso echa raíces y se convierte en raíz de amargura. Eso cierra puertas de bendición y abre puertas de maldición. Recuerde siempre que los conflictos son una oportunidad, sino mire como por haber enfrentado al gigante Goliat, David no se quedó solo el pastorcito que cuidaba las ovejas de su padre, sino que fue promovido por Dios llegando a ser rey; pero en el proceso tuvo que sanar su corazón, tuvo que perdonar a su hermano que lo acusó y atacó con sus palabras. No te enfoques en la situación del conflicto, enfócate en lo que Dios está haciendo en tu corazón y en lugar de dividirte y separarte de tu familia únete a ella, porque uno echa fuera a mil y dos a diez mil.

El tercer paso para manejar correctamente momentos difíciles, para poder restaurar el conflicto es tener cuidado con las palabras que salen de nuestra boca. Miren lo que dice el libro de Proverbios 15:1 “La blanda respuesta quita la ira, la palabra áspera, hace subir el furor”. Una palabra mal expresada puede afectar a los demás, pues es la forma como lo decimos que convierte nuestras palabras como golpes de espada. Nuestras palabras deben ser sazonadas pues estamos llamados a comunicarnos bien y en ese sentido debemos comprender que el lenguaje es muy amplio. No solo podemos ofender con palabras, sino también con un menosprecio, con un lenguaje corporal. Hay personas que a propósito hacen silencio, no contestan, sabiendo que eso enoja a su cónyuge, mire que hay silencios para bendición y hay silencios para maldición. La indiferencia afecta mucho, por eso se dice que “las palabras hieren, pero el silencio mata”, por eso tengamos cuidado, la comunicación es un arte: se habla con la mirada, se habla con las manos, se habla con los gestos. Por ello debemos aprender a comunicar, esto nos hará crecer como matrimonio y como familia expresándonos a la manera de Dios, con una actitud humilde.

El cuarto paso es aprender a pedir perdón. Sabemos mucho del perdón, pero cuando vamos a la palabra para ver como piensa Dios al respecto de cómo debemos procesar una ofensa encontramos en Efesios 4:32 lo siguiente, “Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándonos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo”. Todos sabemos que el perdón no es un sentir, sino que cuando lo hacemos es para agradar a Dios. David tuvo conflictos fuertes en su familia y también pecó, pero si vamos al Salmo 51 vamos a ver el enfoque que él tuvo y que fue poderoso, porque no se enfocó primero en la gente, en los demás, sino se enfocó en Dios: “Señor contra ti he pecado”, tuvo una actitud de humildad y quebrantamiento. Los cielos se cierran cuando no hay perdón, porque cuando tu no perdonas, tampoco tu Padre Celestial lo hace. Todas las cosas que Dios quiere darte tiene un canal y ese canal es tu corazón, por eso mantenlo limpio, puro y sano a través de la maravillosa llave de la gracia del perdón.

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