Cuando la presencia de Dios llega a tu casa

El tesoro más grande que las personas pueden tener es formar parte de una familia. La familia no es un invento de la sociedad, sino que es una idea del Señor que nació en la eternidad en el corazón de Dios

El tesoro más grande que las personas pueden tener es formar parte de una familia. La familia no es un invento de la sociedad, sino que es una idea del Señor que nació en la eternidad en el corazón de Dios; si es verdad que el Señor desea que la familia sea como un refugio, un lugar seguro que permanece fuerte ante las presiones de la vida y en la cual planeamos y desarrollamos todos los planes que tenemos por delante. Sin embargo, todo lo mencionado son los beneficios y satisfacciones que alcanzamos cuando nos desenvolvemos dentro de una familia que conoce, cree y confía en Dios; pero hay que tener en cuenta que el propósito por lo cual las familias existen es para dar a conocer a Dios y evidenciar su carácter (creados a imagen y semejanza).
Resolviendo conflictos en familia es parte de la Serie «La familia del futuro»

Pastor Pepe Delgado


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Hoy hablaremos de la sunamita, ¿quién no la conoce? Leamos 2 Reyes 4:8 – 27 “Aconteció también que un día pasaba Eliseo por Sunem, y había allí una mujer importante que le invitaba insistentemente a que comiese, y cuando él pasaba por allí, venía a la casa de ella a comer. Y ella dijo a su marido: He aquí ahora, yo entiendo que este que siempre pasa por nuestra casa, es varón santo de Dios. Yo te ruego que hagamos un pequeño aposento de paredes, y pongamos allí cama, mesa, silla y candelero, para que cuando él viniere a nosotros, se quede en él. Y aconteció que un día vino él por allí, y se quedó en aquel aposento, y allí durmió. Entonces dijo a Giezi su criado: Llama a esta sunamita. Y cuando la llamó, vino ella delante de él. Dijo él entonces a Giezi, dile: He aquí tu has estado solícita por nosotros con todo este esmero; ¿qué quieres que haga por ti? ¿Necesitas que hable por ti al rey, o al general del ejército? Y ella respondió: Yo habito en medio de mi pueblo. Y él dijo: ¿qué, pue, haremos por ella? Y Giezi respondió: He aquí que ella no tiene hijo, y su marido es viejo Dijo entonces: Llámala. Y él la llamó, y ella se paró a la puerta. Y él le dijo: El año que viene, por este tiempo, abrazarás un hijo. Y ella dijo: No señor mío, varón de Dios, no hagas burla de tu sierva. Mas la mujer concibió, y dió a luz un hijo el año siguiente, en el tiempo que Eliseo le había dicho. Y el niño creció. Pero aconteció un día, que vino a su padre, que estaba con los segadores; y dijo a su padre: ¡Ay mi cabeza! Y el padre dijo a un criado: Llévalo a su madre. Y habiéndose él tomado y traído a su madre, estuvo sentado en sus rodillas hasta el mediodía, y murió. Ella entonces subió, y lo puso sobre la cama del varón de Dios, y cerrando la puerta, se salió. Llamando luego a su marido, le dijo: Te ruego que envíes conmigo a alguno de los criados y una de las asnas, para que yo vaya corriendo al varón de Dios y regrese… Después hizo enalbardar el asna, y dijo a su criado: Guía y anda; y no me hagas detener en el camino, sino cuando yo te dijere. Partió pues, y vino al varón de Dios, al monte Carmelo. Y cuando el varón de Dios la vio de lejos, dijo a su criado Giezi: He aquí la sunamita. Te ruego que vayas ahora corriendo a recibirla y le digas: ¿Te va bien a ti? ¿Le va bien a tu marido y a tu hijo? Y ella dijo: Bien. Luego que llegó a donde estaba el varón en el monte, se asió de sus pies. Y se acercó Giezi para quitarla, pero el varón de Dios le dijo: «Déjala, porque su alma está en amargura, y Jehová me ha encubierto el motivo, y no me lo ha revelado..”

Resumiendo un poco la sunamita le cuenta directamente a Eliseo lo sucedido y le reclama la vida de su hijo, por lo cual él envía a Giezi a la casa de la sunamita y le da la instrucción de llevar su báculo y ponerlo sobre el rostro del niño. Pero la sunamita estaba resuelta a llevar al profeta donde estaba su hijo, así fue y el milagro ocurrió, el niño resucitó.

Hay muchas familias en la Biblia que experimentaron que cuando la presencia del Señor llega a la casa, con su gloria, con su presencia, se rompe todo yugo; la enfermedad se va, las maldiciones se rompen y todo lo que no ha sido posible para el hombre, es posible para Dios. El es todopoderoso, es más que suficiente, y es el Dios de lo imposible.

Es lindo resaltar a esta mujer cuyo nombre no se especifica, solo se sabe que vivía en Sunem y por eso la llaman la sunamita. Y vemos en la palabra de Dios que muchas veces no vamos a encontrar nombres, pero es porque debemos recordar que el nombre más importante, el nombre que es sobre todo nombre es el de nuestro Señor Jesucristo. Y nos narra la palabra de Dios que esta mujer, que era una mujer importante, invitaba insistentemente al profeta a su casa, porque había percibido que había unción y presencia de Dios en este hombre y que eso era más importante que cualquier otra cosa en este mundo. Ella no era profeta pero conocía muy bien el mundo espiritual, ella sabía discernir, por eso llama a su esposo y le dice en otras palabras, “he discernido que dentro de este hombre hay algo poderoso que nuestra familia necesita” eso era la gloria de Dios, por ello le prepara un aposento alto para que fuera cobertura de su familia.

Que importante es saber discernir, sobre todo cuando decidimos a quién dejamos entrar a nuestra casa, porque debes saber que los cuerpos no se mueven solos, hay espíritus que cuando entran en tu casa pueden bendecir o maldecir tu vida, tu matrimonio, tu familia. Conéctate siempre con gente de Dios que lleven gloria, que lleven algo especial que sea de bendición para tu familia.

Una de las cosas que puede impedir que la presencia de Dios llegue a tu casa es la religiosidad. Esta mujer quizás muchas veces intentó buscar a Dios y específicamente para recibir su milagro, para poder tener un hijo y al no ocurrir ello, se acostumbró a la situación. Iglesia, debemos tener mucho cuidado de acostumbrarnos a una manera de vivir que no es todo lo que Dios quiere darte, hay mucho más que él quiere hacer. Por eso debemos entender que el cementerio para la semilla que es la palabra de Dios, como en esta mañana que estoy predicando, o cuando se libera una palabra profética, es la religiosidad. Como te acostumbraste, viene la duda y la incredulidad. Hoy levantate con fe para creer que vas a terminar bien este año, y entiende que ese pensamiento que te ha llevado a creer que tu situación no va a cambiar, que nada va a mejorar, que nada se va a arreglar, que vas a seguir cargando ese peso, ese problema, es una mentira del diablo. Dios si quiere cambiar tu vida, quiere cambiar tu familia y llevarte de gloria en gloria, en Cristo Jesús. No te acostumbres, recuerda que si Dios dio una palabra, es una orden y el dijo “mi palabra no volverá a mí vacía”

Leamos Números 27: 1 al 11 y veamos allí la historia de las hijas de Zelofehad que se llamaban Maala, Noa, Hogia, Milca y Tirsa. Ellas vinieron delante de Moisés a reclamar heredad luego de la muerte de su padre resaltando que el hombre no se había revelado con Coré. Según la ley, cuando un hombre moría, solo los hijos varones podían tener herencia, las hijas mujeres no. Este era el caso de las cinco mujeres, hijas de Zelofehad, que vinieron con osadía a reclamar algo justo y esperaban esa justicia de Dios. Estas mujeres fueron unas “atrevidas santas”, lo que hizo que Dios en su justicia cambiará la ley para darles lo justo, es decir darles la herencia de su padre y de allí en adelante cambió la ley para que si algo similar ocurría en el pueblo de Israel, se atendiera así el caso.

Son tiempos de abrir nuestra mente a la palabra de Dios, y creer que él puede romper y cambiar leyes cuando encuentra corazones llenos de fe, que no tienen duda alguna y que son atrevidos cuando reciben la palabra de Dios. Porque cuando se libera una palabra profética, como cada domingo, cuando hacemos decretos, el Padre la respalda y su  palabra no vuelve a él vacía, por ello cree que los milagros van a suceder, cree que no vas a terminar igual este año, pues su palabra declarada está gravitando para que quien se la apropie, la coja, la atrape y Dios cambiará leyes de la naturaleza con el fin de bendecirte sobrenaturalmente.

Pero vemos también a través de la palabra del Señor que la palabra no solo actuó en la sunamita, sino también en su esposo que era ya viejo. Para que ocurriera el milagro para la sunamita también Dios tenía que hacer algo en el viejito, porque el hijo no iba a venir del cielo, eso solo ocurrió con Jesús por la semilla que el Padre sembró en el vientre de María. Pero todos nosotros venimos de una semilla que  nuestro padre puso en el vientre de nuestra madre, somos ese fruto. Esto no fue nuevo para Dios, ya lo había hecho con Abraham y Sara, los repotenció y aunque estaban casi muertos, tuvieron un hijo. Es así que la palabra Dios la envía y no solo te toca a ti, también tocará tu matrimonio, a tus hijos, a tus nietos, pues es para toda tu familia.

Tenemos que entender que cuando Dios decide hacer algo glorioso en tu casa, debemos tener cuidado: no se lo cuentes a todos. Por eso la sunamita cuando el hijo muere, no le contó todo lo que iba a hacer a su esposo; Abraham tampoco lo hizo cuando Dios le pide que sacrifique a su hijo. Él no le dijo nada a nadie, ni a Sara, pues ella se hubiera opuesto, él solo quería obedecer y tener fe. Por eso cuando Dios nos pide algo hay que entregarlo, porque como Abraham quiere probarte antes de darte algo más grande, Dios ha prometido visitar tu casa con su gloria, pero asegúrate que él esté siempre en el primer lugar de tu corazón. Sé discreto, no le cuentes todo a todos, no permitas que el diablo te robe la bendición.

Vemos  además que el profeta le dice “en un año….” a lo que ella responde, “no te burles de tu sierva”, porque en esa área había duda e incredulidad porque se había acostumbrado. Podía creer en otras áreas, pero en esa no. Entonces, ¿qué es lo que debemos hacer cuando Dios nos habla que algo grande viene para nuestras vidas y no lo veo aún y no hay recursos? Pues la respuesta es, sigue caminando, sigue andando que en el camino algo va a suceder, por eso dice que el que lleva la preciosa semilla ira llorando, pero no se sienta a llorar allí, sino que irá llorando y andando, porque a la medida que tu te mueves, Dios se va a mover contigo. Eso le dijo Dios a Josué, mira que te mando que te esfuerces y seas valiente, no temas ni desmayes porque Jehová estará contigo a dondequiera  que vayas. Mire que cuando el niño murió, la sunamita no lo enterró ¡qué tremenda fe! Por ello, cuando tu sientas que tu sueño se está muriendo, no lo entierres y digas “se acabó mi sueño”, llévalo al altar, conságralos que allí van a resucitar en el nombre de Jesús de Nazareth.

Algo importante también que hizo la sunamita, fue que no se desconectó del hombre de Dios. Ella recibe la palabra, tiene a su hijo, pero ella no se desconectó sino que en el momento que el hijo muere ella misma va a buscarlo. Nunca te desconectes de los hombres y mujeres de Dios que portan gloria. Hay muchos que reciben su milagro y luego se desconectan de su pastor, hasta se despiden, pero quienes se mantienen conectados no pierden sus milagros, y aunque así pareciera, él los resucita. Por ello, como la instrucción que le dio a su siervo, avanza, no te detengas, sigue las instrucciones de Dios y si alguien te pregunta, tu di “¡todo está bien!” aunque las circunstancias no muestran lo contrario. Cuida tu mente y cuida tus palabras mientras esperas el milagro para tu familia, recuerda que tu no caminas por lo que ves, tu caminas por fe en las promesas de Dios y verás un alumbramiento glorioso y sobrenatural.

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